Luis Barros Borgoño

Biografía Personal

Luis Barros Borgoño (1858-1943) abogado en 1880, juez 1882, académico director de la Caja de Crédito Hipotecario 1910-1924,  casado con Lucrecia Valdés de la Barra, hija de Ramón Valdés Lecaros

hijo de

Manuel Barros Arana  casado con Eugenia Borgoño Vergara, hija de José Manuel Borgoño Núñez («Descendía no solamente de los forjadores de la Independencia Americana sino tambien, a través de innúmeros guerrros y funcinarios coloniales- de los fundadores del Imperio Español en América (1)).

Hermano de Manuel Barros Borgoño (1852-1903) «en el Instituto Nacional permaneció todo el tiempo bajo la inmediata direccion de su tío y tutor, Diego Barros Arana, quien tuvo, la mayor influencia en su formación intelectual, estudió medicina en Paris,  donde se recibió en la Universidad de París; casado en 1879 con Elisa Puerma Tupper; en 1882 ocupó la nueva cátedra de Clínica Quirúrgica recientemente creada para él; en 1901 fue desginado Rector de la Universidad de Chile…) (1)

Section

Descendencia

Barros Valdés Luis, abogado, convencional Partido Libeal, elector de Presidente;  casado con Rebeca Riesco Echaurren, hijo deAgustín Riesco Mariño y Sara Echaurren González.

Fuentes

(1) «Bosquejos y Perfiles»  de Carlos Orrego.

Familia

Trayectoria Política

Barros Arana Manuel casado con Eugenia Borgoño Vergara, hija de José Manuel Borgoño Núñez

Barros Borgoño Luis (1858-1943)[1] Partido Liberal, Ministro de Guerra 1889-90,  participó activamente en el complot contra el presidente Balmaceda en 1891 siendo secretario general del Comité Revolucionario de Santiago, director de la Caja de Crédito Hipotecario 1910-1924, ministro de Guerra 1892 y ministro del Interior 1892-1895; Ministro de RR.EE. 1895-96 y 1918-19, Ministro de Hacienda 1901,  candidato a la presidencia 1920, miembro de la Comisión Constituyente 1925; Vicepresidente de la República 1925 por renuncia del presidente;

el 18 de octubre, se celebraba entrada en vigencia de la nueva Constitución. En su discurso, el Vicepresidente, Luis Barros Borgoño, dijo: «Cerrado ya el período de las inquietudes y de las convulsiones, cúmpleme formular los más ardientes votos porque un mismo espíritu de concordia, un sentimiento común de solidaridad social y el ejercicio de las virtudes cívicas lleve rápidamente al país a la restauración completa de su vida nacional. Es altamente satisfactorio trihutar en estas horas de regocijo nacional nuestros agradecimientos al Ejército y a la Armada de la República que, inspirados en un mismo sentimiento de sus deberes para con la patria, han concurrido con la lealtad de sus corazones al restablecimiento del régimen constitucional y han prestado hoy en cuarteles y naves el juramento solemne de respetar y defender la Constitución Política del Estado.  Soldados y marinos han querido contraer a la faz de la Nación, en la misma forma que se jura la bandera, el compromiso de honor de mantenerse fieles y obedientes a la nueva Carta que, en uso de su voluntad soberana, se ha dado el pueblo de Chile. El Cobierno de la República se bace un deber en declarar que consi-dera vinculado al honor y a la digrudad de la Nación el más escrupuloso respeto a la Constitución Política del Estado y que en el ejercicio del poder que representa cumplirá y bará cumplir fiehnente sus disposiciones y otorgará las más amplias garantías al derecho electoral de los ciudadanos, base de una democracia verdadera y fundamento de toda vida republicana».

[1]  En 1925 el general Ibáñez pensó en Luis Barros para integrar una Junta de Gobierno: “Se trataba de un avezado político que durante años pujó por obtener la Presidencia de la República. Siempre las cosas le salían mal. A veces no era candidato y cuando era candidato, lo derrotaban. Al ofrecimiento de Ibáñez contestó: “yo aceptaría por mi lado, con la expresa condición de que usted continúe en el Ministerio de Guerra”…. Si la democracia está en peligro, ¿para qué buscar a ese civil que no se atreve a mantenerse sin el apoyo del militar y lo que sucede es que quien puede salvar a la postre a la democracia no es la debilidad ambiciosa, sino la fuerza?”… pero estas cosas no pasan por la mente de los viejos tercios presidenciables” BOIZARD p. 34-35

Bibliografia

Otras publicaciones

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