Serafín Soto Rodríguez

Biografía Personal

Soto Rodríguez Serafín (1902-1987) hijo de Serafín Soto y Adela Rodríguez; periodista,  casado con Matilde Venegas Quevedo, h. Cristóbal Venegas y Magdalena Quevedo.

Descendencia

Fuentes

Trayectoria Política

Soto Rodríguez Serafín (1902-1987) miembro del Partido Democrático, regidor de Santiago 1944-47; diputado por Ñuble 1949-1953 y reelegido 1953-1957; consejero de la Caja de la Habitación; Intendente de Maule 1973.

Bibliografia

En 1951, realiza un Homenaje A LA MEMORIA DE DON MALAQUIAS
CONCHA, EN EL 30.0 ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO.

Deseo recordar, con respetuosa veneración, en nombre de los Diputados de mi partitlo, la figura del legislador, del líder y del sociólogo, democrático y popular, Malaquías Concha Ortiz, con ocasión del reciente trigésimo aniversario de su infausto fallecimiento, ocurrido, como sabemos, el 5 de Agosto de 1921.
Durante 18 años de su vida política, a partir de 1900, integró, sin interrupción y
con brillo indiscutido, esta Honorable CAmara, y, seguidamente, por el lapso que transcurre hasta su deceso, formó parte del Honorable Senado.
Fué Vicepresidente de esta Corporación y sirvió con acierto el cargo de Ministro de Estado.

Es intensa, de un solo trazo, sin vacíos ni quebrantos, la trayectoria de la gestión cívica de Malaquías Concha. Tiene como portada, gallarda y bizarra, su aparicion, como profesional joven, renovador y comba.
tivo, en los años 1884, 1885 y 1886, en las tiendas del Partido Radical. crisol, como otros sectores nacionales, de señeras orientaciones en el desenvolvimiento espiritual y progresista de Chile. Nos presenta, tras rapida sucesión de hechos. la creación de un partido nuevo, el Partido Democrcitico, que se alza proclamando modernos principios so- ciales y economicos, y cuyas agrupaciones de artesanos y trabajadores, de juventud y hombres de estudio, encabeza con impetu febril, en compañía de propulsores como Artemio Gutiérrez, Antonio Poupin, Avelino Contardo, Juan Rafael Allende y otros adalides sobresalientes. Más tarde, en brazos de la voluntad ciudadana de Concepción y Cautfn, llega afanoso al Parlamento, y, por el gesto de un Mandatario ilustre, a Carteras ministeriales, para plasmar en realizaciones fecundas. desde la tribuna Y la acción aubernativa, las doctrinas de bien público,-de justicia socjal, de engrandecimiento patrio y de reivindicaciones humanas que ha pro- clamado con entereza singular; y, finalmente, en íntegra visión, esa trayectoria excepcional nos presenta su personalidad multiforme, plena de tenacidad, de clarividencia, de talento y energia creadora.

Malaquías Concha surge de las briosas generaciones universitarias del año 80. Ha obtenido su titulo de Abogado -tal vez caso único en el país- en sólo dos años de estudio.
Hace sus primeras armas en la Asamblea que inspira el verbo de Mac-Iver. Allí
pronuncia sus arengas iniciales y enciende, con vigor que habría de cruzar las barreras del tiempo, el fuego de deliberaciones doctrinarias alrededor de postulados de carácter social-económico, con los cuales iba a construir, como lo quiso el destino. las bases y cimientos del Partido que soñaba.
Caravanas de jubilo y esperanza constituyen los ciudadanos que desde el 20 de noviembre de 1887, fecha de la fundación del Partido Democrático, acuden a oír y estimular su prédica, en reuniones y comicios.
El líder naciente, aureolado por su talento y por el episodio llameante de los tranvías santiaguinos, en abril de 1888, y la prisión arbitraria que le fuera impuesta junto a sus compañeros del primer Directorio, adquiere la tesitura taumatúrgica del conductor de multitudes, y éstas lo acompañan, fervorosas y decididas, porque se saben interpretadas en sus anhelos y aspiraciones de aquellos días lejanos. Un aliento venturoso, de mística y de fe, consagración de las grandes causas, besa y agita sus -almas. ¡Malaqulas Concha es un visionario! Malaquías Concha es el futuro! ¿Se hará realidad, en el transcurso de los tiempos, su bello ideario de justicia?
Nuestra Declaración de Principios
Tal ideario era y es nuestra histórica Declaración de Principios, en la que campean  manifestaciones como éstas:
«El Partido Democrático tiene por objeto la emancipación política, social y económica del pueblo, y particularmente de los trabajadores.
«Siendo los medios de producción y las riquezas agentes materiales y frutos del trabajo manual e intelectual de las generaciones pasadas y de las presentes, deben ser considerados como patrimonio común de la humanidad. »
«El derecho a gozar de este patrimonio no debe tener otro fundamento que la utilidad social, ni otro fin que asegurar a todo ser humano la mayor suma de libertad y de bienestar.
«La realización de este ideal no puede alcanzarse mientras la sociedad se halle dividida en dos clases: la una que goza de la propiedad, y la otra que trabaja para la clase poseedora. La abolición de estas clases es fundamento de la emancipación de los trabajadores.
«La Democracia debe perseguir principalhente la emancipación económica, pues la concentración de capitales en las manos de una sola clase constituye la base de todas las otras formas de opresión y dominación.»
Para la realización de estos Principios, el Partido Democrático declara «que es fuerza representativa de la clase obrera y de los oprimidos, si11 distinción de nacionalidades, culto, raza o sexo», y «que los trabajadores deben combatir por todos los medios a su alcance, y principalmente por la acción política, las asociaciones y la incesante propaganda de los principios democráticos», para concluir proclamando: «Que los democráticos, los hombres y mujeres de trabajo de todos los países, deben ser solidarios, pues la emancipación de los trabajadores es, a la vez, obra nacional e internacional».

Para una justa valoración del intenso rol doctrinario que debió desplegar el dinámico creador de nuestro Partido, es necesario considerar la época y el ambiente en que le correspondió batallar.
Su bandera, nuestra bandera de redención social, despertó tembres, aventó prejuicios.
Como un apóstol fué, de pueblo en pueblo, difundiendo las doctrinas democráticas y diciendo: «La Democracia es la más alta expresión de la ciencia política, el sistema de Gobierno que mejor consulta la libertad y la igualdad humanas».
No arredraron al Maestro las hostilidades y persecuciones de que fuera objeto a lo Iargo de dos lustros y dondequiera que llegaba esparcía su admonición orientadora:
«La lucha está trabada entre dos opuestos principios: el Gobierno oligárquico, que somete al pais a la dominación de unos pocos, y el advenimiento de un Gobierno democrático que consulte el interés de todos. De un lado, la opresión; del otro, la libertad. Allá, la tiranía apoyada en las bayonetas; acá, la soberanía del pueblo apoyada en el Derecho.
Alli, la explotación y la usura; acá, el trabajo paciente y honrado».
El fundador fué reuniendo asl, a su alrededor. a los que tenían hambre y sed de justicia, Y de ese modo, hijo del dolor y del derecho, nació y creció el Partido Democrático, extendiéndose por las provincias de toda la República.
Extraordinaria es la obra de Malaquías
Concha en el Parlamento.
Fuerza es recordar su expedición de la primera hora, por la protección del Estado a las incipientes industrias nacionales. En las sesiones del 2, 4 y 7 de julio de 1900 se debate en la Honorable Cámara la compra, en países europeos, de material y equipo para la Empresa de Ferrocarriles. Concha aboga, porfiadamente, por su elaboración en Chile, encomendándola, mediante propuestas públicas, a firmas del pais, que ocupen mano de obra también nacional.
El parlamentario democrtitlco abunda en extensas y atinadas apreciaciones de orden tkcnico, histórico y social, defendiendo, con firme convicción patriótica, los albores de la industria nacional. Refuta en los debates las doctrinas del libre cambio, que enarbolan y practican algunas potencias, estimándolas beneficiosas para su produccl6n y poderío industrial y comercial, pero profundamente desventajosas y lesivas para los pueblos jóvenes, como el nuestro.
Hay sencillez y franqueza en su lenguaje del instante.
«Es necesario -termina manifestando, anheloso de sacudir signos pesimistas- que alguna vez abandonemos las ideas que dominaron durante el coloniaje, y tengamos presente que la preeminencia alcanzada por determinadas naciones modernas se debe a la protección que han dispensado a sus industrias. »
«Además -insiste, puestos siempre sus ojos en la capacitación y el bienestar de nuestras clases obreras- la protección a las industrias nacionales tiene también la ventaja de formar en el país operarios entendidos en los diversos ramos, de modo que se les proporcione a todos los hijos del pueblo un capital intelectual, ese capital profesional que los individuos no pierden ni en sus crisis más personas.»
Es impresionante la preocupación de Concha en favor de la Instrucción Primaria. Su difusion, su obligatoriedad y el aumento anual de los presupuestos para Escuelas y Profesores están en el primer plano de sus afanes.
En sus alegaciones legislativas del año 18 repite su interés por la educación popular, exponiendo «que la sociedad debe cooperar en este propósito común de hacer d.e la Escuela Primaria el primer anhelo de la vida de un pueblo». Ya, el 23 de julio de 1900, a poco de incorporarse entonces a la Cámara, habia manifestado. junto a interesantes conceptos de orden pedagógico: «Para poner término a la hostilidad de clases es menester que los obreros lleguen a alcanzar bienestar, y ello no se consigue sino por la instrucción».
Aboga, igualmente, por la cultura superior, y es, en tal aspecto, uno de los precursores de la Universidad de Concepción; presentó,
en efecto, un proyecto para su creación el 16
de agosto de 1905.
No puedo detenerme a mencionar otras de las preocupaciones más notables del laborioso Diputado, Senador y Ministro que fuera Malaquías Concha, y debo concretar mis palabras a señalar que trabajó con admirable acierto y erudición por leyes y conquistas sociales que correspondiesen a los anhelos de bienestar y de justicia de las masas productoras y de todos los gremios. No hubo en su tiempo ley social o jurídica que no contara cun el aporte de su profunda versación, entre otras, la de colonización con familias de chilenos; de difusión del ahorro popular; el fomento de Escuelas Industriales y técnicas; el amparo del trabajo de las mujeres y jóvenes en talleres y fábricas; la protección del Estad.0 a los veteranos de la guerra de 1879; el descanso dominical, y, en otros capítulos, las reformas de dis~osiciones constitucionales y legales que no se ávenían con las modernas tendencias de renovación política y social que avanzaban victoriosas en el viejo mundo.

Publicó Concha, entre sus producciones mis destacadas y valiosas, «El Programa de la Democracia», en 1894, sólido trabajo ayos comentarios le concitaron reconocimiento continental; «Cartilla Cívica», en 1905, que fuera adoptada como texto de estudio en establecimientos educacionales del Estado; «La Lucha Económica», en 1910, seguramente su obra de mayor jerarquía, «La Eleccidn Presidencial», en 1920, y muchas otras, amén de folletos y artículos en que trató gran variedad de materias.

Honorable Cámara: el 5 de Agosto de 192i
es la fecha malhadada d,e la muerte del gran
prócer de nuestra causa. El talentoso combatiente ha desaparecido. La prensa, los par- tidos y la opinión pública, rindiéndole el homenaje de su reconocimiento, se inclinan respetuosos ante sus despojos. En sus funerales, que alcanzan especial solemnidad, junto a la palabra del Gobierno de la nación, por medio del ilustre Ministro del Interior de ese entonces, don Pedro Aguirre Cerda, se escucha el acento angustioso de la Democracia de Chile que llora la partida definitiva de su líder inolvidable.
En la Cámara de Senadores es la palabra de don Francisco Huneeus Gana Ia que, en nombre de esa rama del Congreso, expresa: «Malaquias Concha inició su vida sin más bagaje que su claro y peculiar talento, su firme voluntad y su gran espíritu de progreso, y estas virtudes destacaron su personalidad en la escuela como en la Universidad. en la tribuna como en la prensa, en la política
cuma en el foro».
Y de parte de la Cámara Joven, hablando en su representación, el Diputado señor Pedro Rivas Vicuña manifiesta: «Sus estudios, sus escritos, sus publicaciones, sus discursos warlamentarios Y tribunicios. sus doctos alegatos y su vasti conocimiento de las leyes y qe los problemas que hoy agitan al mundo, lo habían hecho tomar los acentuados relieves de un verdadero estadista».
Pero es también fuera del país donde con anterioridad a su fallecimiento había
encontrado eco en los círculos más escogidos de la intelectualidad y del estudjo, la obra del sociólogo y del idealista. Aquel gran pen- sador argentino que fuera José Ingenieros, había declarado en 1918: «El doctor Malaquías Concha es uria gloria’ americana, más apreciada quizás en el extranjero que en su propio país».
Frente al trigésimo aniversario de la muerte de Malaquías Concha dejo cumplido, Honorable Cámara, el cleber de perenne homenaje que los democráticos de Chile debemos a su memoria, y formulo votos, con íntima emoción, por que el pueblo, que él tanto amó, pueda rendirle un día las supremas consagraciones del mármol y del bronce.

 

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