Isabel Pla Jarufe

Biografía Personal

Pla Jarufe Isabel Cecilia (1964)[1] “mis abuelos paternos llegaron de España, tenían un criadero de aves, por el lado materno eran comerciantes en Quillota de origen árabe” (2); egresada de relaciones públicas,  casado con Luis Felipe Olivares Quiros (1956) comerciante; s/d.

[1]   Inscripción numero 681 matrimonio 1996 Las Condes.

Descendencia

Fuentes

(1) El Mercurio 12 marzo 2018.

(2) Entrevista, La Tercera, 21 abril 2018.

(3) Entrevista, La Tercera 12 marzo 2019.

(4) Carta «Sistema electoral para los congresistas» El Mercurio 10 noviembre 2020.

(5) Entrevista radial, 9 junio 2021

Trayectoria Política

Pla Jarufe Isabel Cecilia (1964)  primero fue militante RN, luego UDI, jefa de gabinete de María Angélica Cristi desde 1992: “fueron 19 años juntas, las dos crecimos en política y de ella aprendí harto en muchos temas” (2); concejal de Peñalolén 2004 (5.581 votos, 7.7%); intentó ser candidata a diputada en 2009 pero la UDI le pidió a María Angélica Cristi que se re postulara; Vice Presidenta de la UDI; coordinadora de la Unidad de Coyuntura del Ministerio Secretaria General de la Presidencia 2010-2014; intentó nuevamente ser candidata a diputado el 2013 pero la UDI designó a José Antonio Kast; columnista de El Libero; Coordinadora de la unidad de Coyuntura y política de la Fundación Avanza Chile 2014;

Ministra de la Mujer y Equidad de Género 2018: “una de sus prioridades será trabajar con las policías, fiscalías y tribunales para desarrollar una estrategia de prevención y persecución de la violencia de género” (1); “soy una persona libre. Esa libertad de poder decidir es algo que siempre he valorado… antes que me nombraran ministra, fui al concejo de la UDI y expliqué que como partido teníamos que enterarnos de que Chile ha cambiado en los últimos años ‘Primero’ dije, ‘Chile es hoy un país democrático, enterémonos ¿ya?’” (2); “me gustaría ser recordada como la ministra que implementó el derecho universal a la sala cuna” (2); “El gesto del gobierno es haber instalado demandas anheladas por las chilenas” (3).

«Propongo que reemplacemos el sistema proporcional por una mayoritario. Que adaptemos, para ellos, el tamaño de los distritos y circunscripciones y el numero de sus respectivos representantes. Que los partidos definan a sus candidatos a traves de primarias. Que sean electos quienes obtengan mas votos, con segunda vuelta entre las mas altas mayorías donde los candidatos no alcancen un piso razonable de representación. Por favor, no mas parlamentarios con el 1% de los votos, que luego deciden materias de enorme trascendencia, incluso la posibilidad de destituir al Presidente de la República y a sus ministros…» (4)

Vicepresidente de la UDI: La exministra Plá partió comentando la situación en la UDI, principalmente tras los comentarios del Presidente Piñera en la Cuenta Pública: “La verdad es que las aguas no están tan revueltas en la UDI, empezamos una etapa nueva con la directiva que yo integro. El resultado realmente importante es lo que ocurrió en las elecciones (…) Lo que ocurrió en la Cuenta Presidencial -que para la UDI hubo un desconcierto- (por el anuncio del matrimonio igualitario), nos habría gustado conocer esa decisión, no discutirla”.
También comentó en que la UDI está de acuerdo en extender ayudas a la población, como el IFE: “Yo creo que en septiembre no va a estar del todo resuelto, y si tu quieres apagar el bicho de verdad, tienes que darle las posibilidades a las personas de que se queden en la casa. y que no sea la pandemia utilizada como un arma de competidores a las elecciones”..
“Hay un punto que se va a sincerar, y es que hay parejas de hombres especialmente que se van fuera de Chile a buscar la posibilidad de concebir de alguna manera o por maternidad subrogada. Creo que eso ya tiene una complejidad enorme, tenemos que conocer la experiencia de algunos países que han legislado ya” (5)

«La visión que encarna la centroderecha con Sebastián Sichel propone cambios sobre la base del enorme salto que dio el país en las últimas decadas» (6)

«Lo que iba a ser la ultima carta… se ha convertido en la evidencia más explicita de los profundos desacuerdos en las dos izquierdas que sostienen al gobierno» (7)

(6) Columna «Presidenciales: La disputa entre dos visiones» 26 septiembre 2021

(7) «El desacuerdo» El Mercurio 14 agosto 2022

Bibliografia

Columna 17 junio 2021:

Se van instalando cuatro conclusiones de amplio consenso, tras la elección de segunda vuelta de gobernadores regionales.

La primera y más preocupante es la debilidad electoral que mostró Chile Vamos. El oficialismo pierde en todas las regiones, con excepción de La Araucanía, en donde un joven Luciano Rivas derrota a Eugenio Tuma, un veterano de la izquierda de la zona, capitalizando la demanda de estado de derecho y seguridad.

La derecha tiene hoy solo dos caminos. Rendirse al desánimo y conformarse con salvar los muebles en las elecciones parlamentarias. O evaluar con la mayor agudeza las razones de esos resultados, reconectar su proyecto político con la ciudadanía y sus dolores; y hacer la pega desplegándose territorialmente en todo el país. En un mes habrá primarias para elegir al candidato presidencial, y tanto en la histórica abstención del domingo como en los votantes que respaldaron a candidatos de la centroizquierda para impedir triunfos del Partido Comunista hay una oportunidad de recuperar respaldo. La primaria tiene que plantearse como la oportunidad de elegir, con amplia participación, al candidato con mayores probabilidades de pasar a segunda vuelta (a mi juicio, Joaquín Lavín) y de ganarle a la carta de la izquierda (que probablemente será Daniel Jadue)

En segundo lugar, la elección deja en buen pie a Unidad Constituyente (ex Concertación). Elige a 11 de 17 gobernadores regionales, lo que le permitirá con toda seguridad recuperar en una próxima elección parlamentaria un electorado que no la acompañó en la elección de constituyentes. Ese resultado sin duda era el que esperaba la DC para instalar a la senadora Yasna Provoste como la candidata presidencial más competitiva de la centroizquierda.

La tercera conclusión es el surgimiento de una disputa muy fuerte entre dos izquierdas. Una con débiles credenciales democráticas, que entiende la política solo desde la confrontación permanente y la exclusión de quienes no compartimos su visión ideológica. Y otra, que está advirtiendo el error de haberle cedido la interpretación histórica de lo ocurrido en Chile en los últimos 30 años a quienes son sus evidentes adversarios, y que debe ahora proponer un proyecto político que lo diferencie y valorar con mayor claridad la democracia y sus reglas.

La elección del gobernador regional en Región Metropolitana representa con claridad esa disputa. Claudio Orrego entendió bien los efectos de la narrativa agresiva y excluyente de Karina Oliva, la enfrentó en innumerables foros y en los medios. Orrego gana, además, por el temor de muchos electores que nunca antes votaron por la DC, la misma semana en que 34 constituyentes de la Lista del Pueblo e independientes llamaron al “desborde” del proceso constitucional, a liberar a imputados por graves delitos y a incumplir las reglas del Acuerdo de Noviembre de 2019.

La cuarta y tal vez la más importante conclusión es que no es posible proyectar la elección presidencial a partir de los resultados del domingo, con una participación de menos del 20 por ciento del padrón electoral. Creo en la virtuosa relación de derechos y deberes, por eso no veo con malos ojos volver al voto obligatorio, aun cuando creo que no era ahora el momento de impulsarlo, en pleno espiral de elecciones. Y, con todo, no es la obligatoriedad del voto lo que probablemente impulsa la participación, sino el respeto por la política como una actividad para servir a la ciudadanía y no como se percibe hoy, distanciada y como centro de disputas estériles por el poder.

Isabel Plá: “Es equivocado pensar que Gabriel Boric es el antídoto a Daniel Jadue”. Hoy en Mirada Líbero en Agricultura, Isabel Plá analizó la elección de primarias de este fin de semana. “Es equivocado pensar que Gabriel Boric es el antídoto a Daniel Jadue, los dos son personas con una matriz marxista, tienen una concepción de la sociedad bastante parecida y las diferencias son más bien estéticas”. 14 julio 2021

Otras publicaciones

«Las demandas de las estudianteas forman parte de nuestra causa. La equidad de génro está en nuestro programa de gobierno y este ministerio lo tiene ocmo causa cnetral» La Tercea, 10 mayo 2018

«Para el momento mas complejo en 30 años» El Mercurio 29 agosto 2020, a propósito de cambio de gabinete: «El presidente ha hecho un esfuerzo para reformar un equipo político en el que todas las piezas encajen, para dar vuelta la página a semanas muy conflictivas y cumplir con dar un buen gobierno, en tiempos difíciles. Es ineludible el compromiso de Chile Vamos de recuperar la cohesión interna y respaldar las decisiones que se tomen de aquí en más»

Sobre cuenta presidencial 2020, 1 agosto 2020, El Mercurio. «Lo mejor: el tono, en sintonía con el momento que vive Chile, reconociendo los avances de las últimas décadas, pero tambien las carencias; y un cierre en el que puso la mirada en un futuro compartido por una mayoría, mas allá de los conflictos que han marcado los últimos meses» «Faltó: un llamado mas explicito a la oposición a cumplir con los acuerdos, a no retrasar en el Congreso proyectos muy esperados por los chilenos».

Isabel Plá Jarufe @isabelpla 28 octubre 2020
En un solo día asesinan a Carabinero y Ministro @jaimebellolio recibe amenaza de muerte de mente siniestra que dice sería un acto “hermoso”. Parte del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución no se está cumpliendo, TODOS sus firmantes deben condenar la violencia sin ambigüedad!

«El problema es que durante demasiado tiempo la izquierda democrática o social demócrata o ex Concertación, o como prefiera usted llamarla, tuvo su micrófono apagado y ha permanecido desde marzo de 2018 subyugada ante los extremos. Pensaron que era la vía más rápida de debilitar al Gobierno de Sebastián Piñera, que no importaba poner su grano de arena para desacreditar instituciones o desafiar al estado de derecho firmando proyectos inconstitucionales. Y que bailando al ritmo del PC y buena parte del Frente Amplio, serían expiados de la culpa de haber gobernado durante 25 años con políticas económicas inspiradas en la libertad, respetando la democracia y conteniendo a una izquierda que asumió la transición a regañadientes y vio todos sus sueños postergados hasta hoy». El Liberio 3 diciembre 2020

La Presidencia del Senado fue hasta ahora un punto de encuentro formal y fundamental entre poderes del Estado, una expresión de que la solemnidad en la relación institucional y el respeto entre autoridades de la República estarían siempre por encima de la militancia política. Y lo escribo hoy con pena y preocupación: creo que esa parte de Chile también puede estar extinguiéndose. 11 marzo 2021

«Las razones de Galli»  «La oposición se acomodó en el parlamentarismo de facto y eso implica no solo responsabilidad política, también las de acción y omisión, al menos en el congreso» «Algunos por convicción, porque creen que la violencia es virtuosa, otros por temor a desafiar a los primeros, son responsables quienes han hecho hasta lo imposible por convertir a delincuentes en héroes. Columna El Mercurio 24 octubre 2021

Nuestra verdad o la estupidez 3 julio 2022

Entre los creyentes más fervientes del Apruebo empieza a tomar forma una familia de argumentos para explicar el fortalecimiento del Rechazo. Y aunque no son muy originales, porque se han venido repitiendo en las últimas campañas, hoy suenan algo peor.

La ministra Camila Vallejo insistía hace poco que la adhesión al Rechazo en las encuestas estaba relacionada con las noticias falsas. Confiaba en que la entrega del texto definitivo sería “una oportunidad para dejar atrás la etapa de las fake news e iniciar la etapa del voto informado”. A su juicio, hasta ahora el debate ha estado “contaminado”.

Días después, Elisa Loncon, ni más ni menos que la primera presidenta de la Convención, aseguraba que a la gente que vota Rechazo “le dicen” que debe hacerlo “los medios de comunicación, las redes sociales”.

Quienes ya decidieron votar Rechazo entonces serían personas desinformadas y afectadas por las especulaciones. O ignorantes que hacen lo que les mandan y no entienden mucho de qué se trata lo que definirá el plebiscito. El votante Apruebo, debemos entender, estaría siempre debidamente informado y dotado de la personalidad suficiente para decidir por sí mismo y mantenerse impermeable a las noticias falsas.

Suena seguido también entre los aprobadores inclaudicables que el Rechazo es la respuesta para aferrarse a privilegios y, más recientemente, que es una manipulación de los políticos de siempre o una expresión del espíritu “aspiracional” (la versión académica del facho pobre).

Muchas razones para explicar el Rechazo, todas alusivas a pecados veniales o a carencias intelectuales, ninguna al contenido de la propuesta constitucional (que, palabras más, palabras menos, ya sabemos en qué consiste).

Además de una pretendida superioridad moral —muy presente en la mayoría de izquierda durante todo el debate de la Convención— hay un fondo antidemocrático en esa interpretación de la realidad. Primero, porque se asume que no todas las opciones disponibles en un voto son legítimas. Y, sobre todo, porque niega que, por definición, en una sociedad libre coexisten visiones diferentes; y ridiculiza a quienes se atreven a desafiar lo que para algunos es la verdad irrefutable. No es la conciencia, sino noticias falsas. No es decepción, sino ignorancia. No es el derecho a decidir, sino el resguardo a los privilegios.

Y si de noticias falsas se trata y de su impacto en las decisiones de los chilenos, vamos a reconocer entonces que, al menos desde octubre de 2019 hasta el plebiscito de 2020 (por no hablar de la campaña presidencial), el clima estuvo cruzado de falsedades. Me detengo solo en la que más impacto electoral ha tenido: la caricatura del país más desigual del mundo, con un puñado de exitosos no por el trabajo, el estudio, la creatividad o incluso la buena suerte, sino por sus privilegios. Un Chile cuya única salida posible era una nueva Constitución que le diera dignidad a su pueblo; y con “independientes” como exclusivos depositarios de la soberanía popular. Por cierto, varios integrantes del actual Gobierno contribuyeron a reproducir esas falsedades.

No es un buen precedente para los militantes del Apruebo partir una campaña confrontando su verdad a la simple estupidez. Cada elector tendrá la oportunidad para escrutar lo que se propone; y cada uno decidirá por las razones que prefiera, fundadas o banales.

Algunos decidirán por pertenencia ideológica, a otros les seguirá bailando en la memoria la imagen de convencionales poco preparados. Y a muchísimos, probablemente a la mayoría de quienes opten por ese camino, les hará sentido rechazar una propuesta de Constitución que creen arriesga su futuro y el de sus hijos. (El Mercurio)

Isabel Plá

¿Refundar la historia? 19 julio 2022

No fue un descuido. Ni una omisión involuntaria. Como señalaron dos académicos en una carta a este diario, era la performance final, antes de que la Convención bajara la cortina: descartar a los cuatro expresidentes de Chile de los invitados a la ceremonia de entrega del borrador de Constitución.

Las razones para explicar esa decisión dicen mucho respecto del espíritu que ha cruzado la Convención desde el primer día. Y que se haya revertido es ya irrelevante. Porque lo esencial no era tener o no una invitación para asistir a un acto, sino el rol que la mayoría dominante de la Convención asigna a los exmandatarios de Chile. Omitirlos por aforo pretendía ubicarlos en el lugar que, a su juicio, merecen: el desprecio como protagonistas de los “30 años”, concebidos como una época oscura de nuestra historia.

La otra razón es incluso más grave: prevenir un probable escándalo con la presencia del expresidente Sebastián Piñera: “Nos parece conflictivo”, sentenció una convencional. Que existiera ese temor o, peor todavía, incomodidad, indica una particular visión sobre la democracia, frente a quien ha sido elegido dos veces para conducir a Chile, en cuyo gobierno se inició el proceso constitucional, que además fue fruto de un acuerdo al que concurrieron los partidos políticos de su coalición. Es, además, otra demostración de que una mayoría de sus integrantes no terminó de comprender la dignidad que los envuelve y que obliga al decoro, porque el mandato para el cual fueron elegidos es más importante que sus propias emociones.

Es la Convención la que se ha humillado ante Chile y su historia, que es bastante más que la épica de una nación que se reinventa las veces que sea necesario. A pesar de los déficits y deudas pendientes, es la historia de un esfuerzo monumental para darle estabilidad política, crecimiento económico y paz social, para superar la pobreza de millones de familias; modernizar sus instituciones, y para convertirse en una sociedad respetada y admirada.

Probablemente en un intento de aminorar los efectos de una decisión no solo injusta, sino políticamente torpe — cuando una parte del electorado esperaba una razón más para decidir su voto el 4 de septiembre—, el Presidente Gabriel Boric ha dicho que “es bueno que se reconozca el aporte de quienes nos precedieron”. En tres meses se ve que han comprendido la implicancia de gobernar, cuán difícil es mover voluntades y que, en democracia, las normas, e incluso la tradición, están por encima de las preferencias personales.

Es difícil separar el devenir de la Convención, de sus horas iniciales, cuando una convencional golpeaba con violencia la testera e interrumpía a la representante del Tribunal Electoral, mientras empezaba a leer el acta. Cuando se acallaba a un coro de niños que cantaba el himno nacional. Y de los meses siguientes, con adultos pateando los muebles del salón plenario del ex Congreso Nacional, para celebrar pequeñas victorias en el espacio que resumen 200 años de vida republicana. O las negativas para que instituciones y especialistas expusieran su visión constitucional, en las comisiones que resolvían el texto (la más simbólica de las exclusiones fue la del Colegio de Ingenieros, pero hay muchas más).

Y sería ingenuo separar el fondo, que expresa la visión de la mayoría que ha visado la propuesta constitucional, de las formas. La voluntad de excluir y dividir, la arrogancia de autopercibirse por encima de todas las instituciones y sus protagonistas. El deseo de imponer otro Chile, sin historia o, en el mejor de los casos, con una historia despreciada y, por tanto, digna de ser refundada. (El Mercurio)

Aulas seguras en los liceos emblemáticos 5 junio 2022

La degradación de los liceos emblemáticos es probablemente uno de los dolores más sentidos para Chile. Emblemas del mérito y el reconocimiento al esfuerzo han pasado por las aulas del Instituto Nacional durante 200 años, y un siglo por las del Liceo de Aplicación y el Barros Arana, al menos veinte presidentes de la República, más de treinta premios nacionales y generaciones de alumnos de diversos orígenes sociales, que han dejado huella en la política, la medicina, las ciencias, la cultura, etc.

Primero fueron los paros, hábilmente respaldados por el Colegio de Profesores y por las más diversas causas: la Constitución, el pase escolar, demandas por mejor infraestructura, etcétera.

Luego vinieron las tomas y la legitimidad que les dio la izquierda, como una forma más de protesta social. Les siguió en esa cadena de degradación la pérdida de respeto y el debilitamiento de la autoridad de rectores y profesores.

Mientras el debate por la educación pública se tomaba las calles, la agenda legislativa y las redes sociales, la etapa siguiente fue más al fondo. Se desacreditó la selección en los liceos emblemáticos, cuyo fin era darles a buenos alumnos de familias vulnerables la oportunidad de acceder a un estándar educacional exigente, que les asegurara una matrícula en la educación superior. Luego vino la arremetida contra la evaluación docente, el Simce, las notas e incluso las tareas. Progresivamente se fueron desarraigando de la cultura escolar el rigor académico, la exigencia y el valor de las normas, como parte de la formación integral.

La violencia dentro y en los alrededores de los liceos emblemáticos no es reciente, ni surgió inesperadamente. Fue noticia, pero nos olvidamos rápido, cuando en el año 2014 representantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez fueron invitados por alumnos del Instituto Nacional a dar una charla sobre “la política de la rebelión popular de masas”. Los alumnos convocantes se ampararon en su “libertad de expresión” y es probable que la charla se extendiera a otros colegios, sin que nadie se inmutara.

Pocos años después irrumpieron los overoles blancos y nos acostumbramos a ver en los noticieros prime a prácticamente niños lanzando molotov; destruyendo bibliotecas, muebles y laboratorios; proclamando consignas frente a las cámaras de televisión, y a profesores y rectores denunciando humillaciones en patota y amenazas. La consagración fue el lamentable protagonismo de una generación que, en octubre de 2019, irrumpía en las estaciones del metro para saltarse los torniquetes, en lo que el Presidente Boric calificó entonces de una expresión de “desobediencia civil”, frente a la desigualdad.

Es una buena noticia que la ministra Siches distinga hoy entre protesta social y vandalismo y condene la quema de un bus con pasajeros a bordo. La mala noticia sigue siendo la misma: un gobierno que no quiere o no se atreve a pasar la frontera de la retórica. La ministra del Interior le adjudica la violencia estudiantil a la “complejidad de la adolescencia”; y el ministro de Educación va incluso más lejos y no solo desecha la posibilidad de que la Ley Aula Segura restrinja beneficios a quienes participen en conductas delictivas, sino que deroga de facto la ley vigente, porque a su juicio “no tuvo mucho sentido ni en su minuto ni creo que hoy día”.

Tenemos un problema severo cuando quienes están al mando invocan la adolescencia, los déficits de infraestructura, las raciones del almuerzo o las sensibilidades pospandemia de las comunidades escolares para explicar la violencia pura y dura. Y estamos en un zapato chino cuando la máxima autoridad de la Educación en Chile se da vueltas entre eufemismos e inocentes diálogos con padres y apoderados, mientras un pequeño pero poderoso y destructivo grupo de alumnos mantiene secuestrada la libertad y el derecho a estudiar de varios miles que quieren y necesitan imperiosamente avanzar en su año escolar.

Todavía estamos a tiempo de resucitar el espíritu más noble de los liceos emblemáticos. Exigirá años y mucho esfuerzo, pero antes de eso, el primer paso es voluntad. El segundo: aplicar la ley. (El Mercurio)

Aprobada, no se reforma 31 julio 2022

Es posible que, antes del plebiscito, el oficialismo comprometa reformas posteriores, si gana el Apruebo. No por convicción, ciertamente, sino por razones electorales. Sin embargo, sería difícil (prácticamente imposible) que, una vez aprobada la nueva Constitución, se concretaran cambios sustantivos al texto de la Convención, como los propuestos por el expresidente Ricardo Lagos.

Ya es difícil que los acuerden antes del 4 de septiembre. Lo dijo con todas sus letras Guillermo Teillier esta semana: “Somos 17, ponerse de acuerdo no es tan fácil”. Incluso si lograran ese acto simbólico, sería una propuesta acotada a aspectos prácticos, correcciones menores, o de implementación (como está planteando el Frente Amplio). Desde luego, no en aquellos temas que cruzan su ADN ideológico, mucho menos en los más emblemáticos de la Convención (plurinacionalidad, fin del Senado, Consejo de la Justicia, propiedad de ahorros previsionales, etc.).

Si la izquierda estimara importante para Chile tener una Constitución de amplio consenso, el Gobierno y el mismísimo Presidente Gabriel Boric se habrían jugado para que su mayoría en la Convención se abriera a un texto que, sometido a un plebiscito, alcanzara un resultado electoral de esas características. No lo hicieron, porque lo comparten. Porque, como lo reconocían hasta pocas semanas antes de iniciada la campaña, la viabilidad del programa de gobierno depende de ese texto.

¿Por qué una vez aprobado lo propuesto por la Convención, quienes bloquearon toda posibilidad de acuerdos mientras se escribía y se negaron a considerar la evidencia en aspectos sustanciales estarían dispuestos a cambiarlo?

¿Por qué renunciarían a la Constitución que expone en toda su profundidad sus convicciones ideológicas? Sería renunciar a un proyecto político de largo plazo. Reformarla una vez aprobada sería renunciar a un proyecto político de largo plazo.

La misma noche del domingo 4 de septiembre, la euforia del triunfo, aunque fuera por 10 votos, blindaría el texto. Y contarían con un argumento poderoso: su respaldo mayoritario. Hemos tenido experiencias en los últimos dos años de las reacciones de la izquierda cuando alcanza mayorías. La tuvimos con el resultado del plebiscito de entrada y, con más claridad, la noche de la elección de la Convención, con personajes electos recorriendo sets de televisión y advirtiendo que los acuerdos y decisiones se limitarían a su mayoría y el resto sería excluido.

Aun suponiendo que, post 4 de septiembre, el Presidente Boric hiciera un giro y estimara importante renunciar a ciertos elementos, como una gran oportunidad de pasar a la historia como el impulsor de una Constitución ampliamente aceptada, ¿tendría reales opciones de impulsar modificaciones? Pocas, porque arriesgaría una crisis, en la que se enfrentarían las dos coaliciones que sostienen su gobierno. Y porque, para decirlo con sinceridad, la Constitución que escribió el indigenismo y el PC no se deshace sin el indigenismo y el PC.

Tampoco parece viable que la izquierda frenteamplista, que nació para desafiar a la socialdemocracia que venía gobernando en Chile durante dos décadas, y encontró en el PC un aliado con el mismo objetivo, le concediera una oportunidad de reinventarse a los conductores de los “30 años”. Reformar lo aprobado, acoger la propuesta del presidente de la República más emblemático de la transición, sería privarse de su motivación más íntima y movilizadora: poner una lápida y sellarla para siempre sobre la ex-Concertación y todo lo que ella representa.

Si usted pensaba rechazar y últimamente le está dando vueltas a la idea de aprobar, esperando la promesa de reformar, piénselo muy bien. ¿De verdad cree que sería más fácil hacer cambios si gana el Apruebo? (El Mercurio)

Municipales 2016 6 mayo, 2016

Todos los desafíos electorales son importantes, porque ponen a prueba la capacidad de los partidos de convocar elencos competitivos, interpretar correctamente la frecuencia de la ciudadanía y, lo más importante, de movilizarse. Las elecciones municipales del próximo 23 octubre serán aún más importantes, por varias razones que el destino quiso se conjugaran en un mismo momento de nuestra historia democrática.

Para empezar, esta será la primera demostración democrática de que algo ha cambiado en Chile y para la Nueva Mayoría, desde la elección de la Presidenta Bachelet a fines de 2013, quien ostenta tres récords: la Presidenta mejor evaluada al momento de dejar La Moneda en su primer mandato; la candidata presidencial electa por la más alta mayoría, con un 62% en 2013; y hoy la Mandataria peor evaluada de los últimos 25 años, con una aprobación que cumplió en abril pasado 12 meses por debajo del 30%.

No quisiera estar en los pies de los candidatos oficialistas. Tendrán que responder a muchísimas preguntas, en un Chile más exigente que hace cuatro años y al que difícilmente le pasan gato por liebre de nuevo. ¿Cómo van a explicarle a los electores, por ejemplo, que después de dictar cátedra de participación democrática durante décadas, la izquierda llegó tarde al Servel para inscribir primarias? ¿Cómo van a desprenderse los alcaldes en ejercicio de la altísima desaprobación que ostenta la Presidenta Bachelet, si hace solo tres años tocaban las puertas de sus vecinos pidiendo el voto para ella?

¿Cómo le explican a los electores que no son los responsables de las promesas incumplidas, la improvisación, el desempleo y la delincuencia? ¿Cómo, en buenas cuentas, se bajan de la foto de la derrota y de la decepción de la ciudadanía?

Al mismo tiempo, es una elección decisiva para Chile Vamos. En su debut electoral, tiene la oportunidad de salir masivamente a la calle a explicarle cara a cara a los electores por qué sus candidatos son mejores, qué ha aprendido durante dos años en la oposición, qué tan comprometido está con la diversidad que la distingue de conglomerados de centro derecha anteriores; y, sobre todo, porqué su proyecto para Chile es mejor que el de la izquierda y de qué manera ese proyecto tiene una expresión local concreta.

Y, básicamente, ambos mundos se diferencian en la forma de entender el servicio público y la acción política. La Nueva Mayoría insiste hoy en impulsar un proyecto inspirado en un experimento social (el propio ex ministro Pérez Yoma reconoció que el proceso constituyente es “único en el mundo”), en la refundación de Chile, para perseguir deseos difusos e inalcanzables; mientras Chile Vamos distingue la poesía de la política, se la juega por el realismo y el “buen gobierno” y se propone avanzar concretamente en aquello que ha dado buenos resultados e innovar apoyado en las mejores experiencias, en aquello que debe corregirse. Y, luego, ambos mundos se distinguen por su concepción de la sociedad, que también tiene un correlato en los gobiernos locales: uno concibiendo al Estado como el único facultado para dirigir la educación, la salud, la convivencia social, económica y cultural, y el otro poniendo siempre al Estado al servicio de las personas, potenciando la creatividad, impulsando la sociedad entre lo público y lo privado, etc.

Finalmente, esta será la primera elección popular con una ciudadanía severamente desconfiada, con instituciones que enfrentan niveles históricos de desprestigio; y la primera, además, con nuevas normas de financiamiento, significativas restricciones de gasto y de formas de hacer campaña para los candidatos (como dirían en Argentina, las palomas, esos armatostes parados en todas las esquinas, y varios otros objetos de campañas, “ya fueron”). Van a surgir nuevas formas de expresión política, interesantes: candidatos que convertirán la transparencia en una ventaja comparativa, publicando cada día en una web o en Twitter sus ingresos y gastos; sistemas novedosos para recaudar fondos, en pequeñas cantidades; plataformas ciudadanas de control de normas; masivos llamados en redes sociales para ir a votar (no se extrañe que le llegue a su teléfono el número de su mesa, local de votación y dirección), etc.

En fin, el primer partido del campeonato está por comenzar, vamos a ver cuántos goles entran en las respectivas redes y quiénes son los jugadores que corren con más velocidad en esta semifinal. En un año más veremos las condiciones en las que estaremos preparándonos para la gran final. (El Libero)

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

La izquierda y el crecimiento 20 mayo, 2016

¿De dónde surge la repentina preocupación de los parlamentarios oficialistas por el crecimiento económico? ¿Por qué se muestran recién ahora interesados en un objetivo tan notoriamente “neoliberal” y urgen a la Presidenta Bachelet a anunciar medidas de recuperación, en su tercer mensaje de 21 de mayo?

Las dudas son justificadas. Sorprende el giro de una izquierda que, tanto desprecia todo lo que huela a PIB y tanto desconoce su aporte al progreso social, que la diputada Vallejo reclamaba el año pasado que “garantizar derechos no tiene que estar sujeto al crecimiento económico” (no imagino de dónde piensa la congresista que el Estado obtiene los recursos para financiar esos “derechos”).

Seamos francos: a Chile lo frenó la Nueva Mayoría. Recibió en marzo de 2014 un país que venía creciendo desde 2010 a un promedio de 5,3%, tres veces más que lo proyectado para este año (1,7%) y en el que se habían creado un millón de empleos, con una calidad que estaba mejorando, tanto en salarios como en condiciones. En los últimos dos años, ese mismo Chile pasó de recuperar el liderazgo en América Latina a registrar los peores resultados económicos en tres décadas

El FMI, el Banco Mundial y todos los economistas serios han reconocido que el deterioro responde en parte a razones internacionales, pero en gran medida (dos tercios, según Sebastián Edwards) a razones internas: el impulso de malas reformas; el clima de incertidumbre que el gobierno de la Presidenta Bachelet ha alimentado desde el principio (qué campaña puede ser más del terror que un video oficial acusando a los “poderosos de siempre” y una ministra advirtiendo que la Constitución da excesiva relevancia a la propiedad privada); y un ministro de Hacienda, valorado por su trayectoria, pero que hoy no cuenta con el respaldo político para implementar una agenda que frene esa incertidumbre y lidere las señales correctas.

El repentino interés por la recuperación económica no es genuino. La Nueva Mayoría mira las mismas encuestas que el resto del país, y en todas –no solo ahora, sino desde hace más de un año– la preocupación de los chilenos por el rumbo del país es creciente. En la encuesta CERC, publicada la semana pasada, “los problemas económicos” saltaron desde el séptimo lugar en diciembre al primer lugar en abril como la principal preocupación de los chilenos; y de acuerdo a la encuesta CADEM publicada el lunes de esa semana, para siete de cada 10 chilenos (68%) el país va por “Mal Camino”, 40 puntos más que cuando la Presidenta pronunció su primer mensaje de 21 de mayo, en 2014, y 17 puntos más que hace un año.

Probablemente la Presidenta Bachelet se muestre preocupada mañana por la reactivación económica y se comprometa a frenar el desempleo con una lista de medidas. Pero ya en los dos mensajes a la nación anteriores se comprometió al mismo objetivo, insistió en lo importante que le parecía el “crecimiento sostenido”, para actuar luego exactamente en el sentido contrario (en 2015 poniéndole urgencia a la reforma tributaria y en 2015 prometiéndole a la CUT que la reforma laboral se haría a su medida).

La preocupación no es económica, es política. La izquierda teme que el desempleo tenga efectos en las elecciones municipales y, peor aún, que en las presidenciales del próximo sea la demostración de su incapacidad (histórica, por cierto) de conducir, con sus propias ideas, el progreso económico, social y político de Chile.

En dos palabras, temen que la Nueva Mayoría se vaya a pique y que el debut sea también con despedida.

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

El DesAcuerdo-Isabel Plá 14 agosto, 2022

Costó muchísimo que saliera el esperado “acuerdo” del oficialismo para reformar el texto constitucional si gana la opción Apruebo. Fue precedido, además, por declaraciones de las voces más emblemáticas de la izquierda que hasta hace pocos días negaban persistentemente la necesidad de comprometerse con cambios. Al texto no debía movérsele ni una coma —aprobar “sin condiciones”— o podían evaluarse algunas reformas posplebiscito.

Hasta que salió humo blanco. Porque París bien vale una misa, y una derrota —aun cuando reconocen que es una posibilidad latente— se avista como un tsunami, en particular para el Gobierno.

Así las cosas, las expectativas la mañana del jueves eran respecto de los temas que tocaría el acuerdo y la profundidad de los cambios. Nadie podía imaginar que, después de una performance como las que solo ese mundo político puede montar, el acuerdo se convertiría, antes de una hora, en un nudo de desacuerdos.

Se bajó el telón y el presidente del PC le confirmaba a todo Chile que no estaban en condiciones de garantizar que cumplirían lo firmado. La presidencia del PS, que no es cualquier partido, sino el más grande del oficialismo, con la mayor capacidad de movilizar y ordenar, mandaba a callar a Daniel Jadue, que tampoco es cualquier alcalde, sino el exrival en la primaria del Presidente Boric y potencial candidato presidencial. Y una docena de exconvencionales salían furiosos a acusar el desacato de la voluntad popular que los eligió, y a la mayoría dominante de la Convención.

Desde entonces sabemos más de los conflictos que ha generado la promesa de aprobar para reformar que de su contenido (ningún cambio concreto, por cierto, salvo la reposición del estado de excepción). Era difícil sacar adelante un compromiso cuando hay desacuerdos en tan amplios sentidos. Respecto de la pertinencia de reformar, de la profundidad de los cambios, de la oportunidad. Y el mayor de todos los desacuerdos, probablemente, la reaparición de los partidos políticos como protagonistas.

La cocina hiere la autoestima no solo del Frente Amplio, también de quienes llegaron a la Convención como “independientes”, pero en realidad militaban ideológicamente en el espectro más radical del indigenismo, el ecologismo y el feminismo. Y degradaron el costado más noble de la política: el diálogo, la deliberación, la recepción de la experiencia, con buena voluntad.

Lo que iba a ser la última carta, un hito que simbolizara unidad y convicción, detrás de la necesidad imperiosa de remontar en las encuestas, se ha convertido en la evidencia más explícita de los profundos desacuerdos en las dos izquierdas que sostienen al Gobierno. Es la demostración, con más o menos elegancia entre los avezados y con frecuente rudeza en la mayoría, de que el texto constitucional propuesto para Chile genera incomodidad en una parte del oficialismo. Lo reconocen maximalista (el resultado de “lujitos”, como dijo un exconvencional PS en estas páginas). Y admiten, en la sola idea de comprometer reformas posteriores, que las preocupaciones que se extienden no son falsedades, sino realidades.

¿Pudo pactarse un acuerdo para mejorar las expectativas del Apruebo? Claro que pudo hacerse de otra manera, para empezar con más antelación, con mayor franqueza respecto de los errores estructurales del texto constitucional, con una hoja de ruta. Lo que se ofreció fue un compromiso a última hora, a regañadientes y con evidente y exclusivo interés electoral. Y, como broche de oro: con el retiro de la firma de uno de sus garantes, en cuanto se bajó del escenario. (El Mercurio)

Isabel Plá

Errores peligrosos-Isabel Plá 22 mayo, 2022

En setenta días, el Gobierno suma ya una interminable serie de errores, retractaciones y declaraciones bochornosas. Algunos pueden atribuirse a la inexperiencia. Otros cruzan la frontera de lo tolerable, porque afectan la vida de millones de chilenos y podrían señalar un rumbo riesgoso para nuestra democracia.

Si bien ningún error es irrelevante cuando el Gobierno está sometido a un escrutinio ciudadano cada vez más impaciente, que un subsecretario se refiera en un punto de prensa a “las y los” medicamentos, todavía cabe en la anécdota o en el ridículo al que se expone al Estado cuando el fanatismo domina incluso el lenguaje. Y que el Ministerio de Salud se relaje con la campaña de vacunación frente a la pandemia, puede ser el resultado de la inexperiencia o la incompetencia. Incluso el vuelo con inmigrantes imaginario de la ministra Izkia Siches pasa como un descuido, bochornoso por cierto para el Gobierno, cuando no se han asumido del todo las implicancias de un cargo.

Pasamos a una dimensión de mayor profundidad cuando el ministro Mario Marcel admitió que “no tuvimos conocimiento previo” de la consulta ciudadana de tratados comerciales, que anunciaba el día antes el subsecretario Ahumada. No es una descoordinación cualquiera que la máxima autoridad de Hacienda desconozca que desde la Cancillería alguien tiene en mente meterle mano a los acuerdos comerciales, y demuestra que al interior del Gobierno conviven agendas contradictorias. En esa misma dimensión, de mayor alerta, se ubica la declaración del ministro Grau esta semana, asegurando que a los chilenos no nos afecta el alza del dólar, porque no es nuestra moneda.

Hay errores con implicancias más delicadas. Que varias ministras, en menos de dos meses, califiquen de presos políticos a imputados y condenados por los tribunales, aun después de sus respectivas rectificaciones, tiene efectos para Chile.

Los errores más severos son los que han rodeado las decisiones para enfrentar la violencia en las regiones del Biobío y La Araucanía. El Gobierno partió negándose a extender el estado de excepción, insistiendo en que el camino sería el diálogo. Cuando los atentados en esa zona superaban ya con creces al escenario previo (que ya era grave), La Moneda sorprendió decretando un estado “intermedio”, tan extremadamente cuidadoso para no incomodar, que se limita a las carreteras y deja expuesta a la mayor parte de la población. Le agrega a la decisión señales de profunda desconfianza hacia las Fuerzas Armadas y un relato desconcertante, viniendo de quienes tienen las más altas responsabilidades del país, que empieza y termina con un “no es la solución”.

Sin duda el error que merece más atención es la renuncia del Presidente Gabriel Boric a interponer una querella contra Héctor Llaitul, el líder de la CAM –la organización que se atribuye los atentados más feroces en el sur y ha hecho profuso alarde de su poder de fuego– y que, en reacción al estado intermedio, llamó “a organizar la resistencia armada por la autonomía del territorio y autonomía para la nación mapuche”.

Para el mandatario, en esa declaración no hay delitos sino ideas, protegidas a su juicio por la libertad de expresión y de pensamiento. Estima que un llamado a la resistencia armada no es una amenaza para la democracia. No reconoce, por tanto, el inminente riesgo para la seguridad del país y para la de miles de chilenos que viven en el mismo territorio donde se organiza y ejerce la insurgencia.

Hay errores por inexperiencia. Otros por el divorcio de agendas entre las dos coaliciones de Gobierno. Y hay errores, fundados en una visión ideológica, que podrían costarle muy caro al país (salvo que sean admitidos como tales y, por consiguiente, se corrijan). (El Mercurio)

Isabel Plá

Constitución: Sensatez y sentimientos Isabel Plá 8 mayo, 2022

Que la opción Rechazo estuviera a significativa distancia por encima del Apruebo en todas las encuestas, no estaba en el horizonte de nadie en Chile hasta hace pocos meses. Era prácticamente impensado, ni siquiera como una probabilidad.

Cuando hace un año se elegía la Convención, con una geografía política que sorprendió incluso hasta al más optimista militante de un “nuevo modelo”, se daba por sentado que la Constitución que se escribiera sería aprobada.

Faltan cuatro meses para comprobar si la tendencia que muestran los estudios de opinión se refleja en los resultados. Lo que sí sabemos hoy es que, a partir de febrero, cuando la Convención iniciaba el debate de las normas, el clima en torno al plebiscito de salida empezó a cambiar progresivamente.

La opción por el Rechazo dejó de mencionarse en voz baja y salió del péndulo izquierda o derecha. Pasó de ser imposible a ser tan perfectamente posible, que hasta el propio Presidente Boric, cuyo gobierno necesita imperiosamente un triunfo del Apruebo, ha reconocido que se analizan todos los escenarios. Y de considerarse casi una excentricidad, a convertirse en una opción razonable, una expresión de sensatez para la mayoría que están mostrando las encuestas.

La idea de una Constitución que fuera la “casa de todos” echó raíces rápidamente. Aún en medio de la crisis y con autoridades debilitadas e instituciones desprestigiadas, los chilenos seguimos considerando a la ley un lugar de encuentro, y si la Constitución es la madre de todas las leyes, con mayor razón. Por casa de todos se entendió, además, la oportunidad para que un Chile en el que conviven innumerables diversidades convergiera en su Constitución. Y la más poderosa quizás de las proyecciones: mínimos comunes para un trato justo, igualdad ante la ley, instituciones más sólidas, oportunidad de progreso para todos. Todo eso era lo razonable.

Razonable era también imaginar una Convención que entendería la misión trascendente que se le había encomendado; convencionales con un comportamiento con la solemnidad ad hoc, y dispuestos a superar sus diferencias políticas de origen, para trabajar en un texto que fuera eso: la casa de todos.

Han sido las personas comunes, las que están fuera de los círculos de poder, quienes han ido sumándose al Rechazo. Les parece lo más razonable, incluso para explorar otros caminos después de septiembre, porque perciben que con el Apruebo se clausura la casa de todos que se les prometió.

En los albores de la Convención vieron el desprecio al himno nacional, el desplazamiento de la bandera chilena como símbolo de unidad nacional, el comportamiento inapropiado que deja huellas hasta hoy: el convencional votando desde la ducha, los sahumerios en el ex Congreso Nacional, los golpes en los escaños para celebrar un triunfo, las funas para los que no obedecen, y un largo etcétera.

Luego vinieron las normas. Y a miles de ciudadanos y ciudadanas comunes hoy no les parece razonable que, según el origen étnico, dejen de ser iguales ante la ley y juzgados por los mismos tribunales. A muchos otros, que reconocen la multiculturalidad, les preocupa la plurinacionalidad y la consecuente existencia de varias naciones dentro de Chile. Rechazan que una Constitución no les asegure que sus ahorros previsionales serán inexpropiables. Saben que somos un país con riqueza minera, que alrededor de esa industria hay miles de micro y pequeñas empresas, y perciben incertidumbre en la revisión de sus concesiones. Los más interesados en la política ven con temor que se ponga fin a uno de los contrapesos del poder político, que el Senado de doscientos años sea sepultado y nazca una Cámara de Diputados todo poderosa.

Hay “metáforas que matan”, como escribió George Lakoff a propósito de las decisiones bélicas que tomaba Estados Unidos post 11-S. Se ofreció a los chilenos una casa de todos y lo que están viendo es exactamente al revés.

Isabel Plá

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