Gabriel Gaspar Tapia

Biografía Personal

Gaspar Tapia Gabriel (1949) hijo de Eduardo Arturo Gaspar Cáceres (1925) ingeniero en ejecución, agricultor, dirige en Putre comunidad para mantener su identidad y troncos originarios, y Lidia del Carmen Tapia Yucra; abogado,

Descendencia

Fuentes

(1) Inclusión en las FF.AA., La Tercera, 16 diciembre 2014.

(2) Entrevista La Tercera 1 noviembre 2015.

(3) “Chile: un buen socio para el siglo 21” La Tercera 24 diciembre 2015.

(4) Entrevista Que Pasa, 10 junio 2016.

(5) Entrevista, EM, 11 marzo 2018.

I. 213 nacimiento 1949 Arica

Familia

Chile y su aporte a la paz mundial 7 abril, 2022

La preservación de la paz es uno de los objetivos prioritarios de nuestra diplomacia. Para empezar, por el amplio consenso nacional en esta materia, uno de los principios rectores de nuestra política exterior desde nuestros inicios republicanos. Pero no todo se reduce a un convencimiento moral. La paz también es el mejor escenario para el desarrollo de nuestros Intereses Nacionales. Un mundo lleno de conflictos, desgarrado por enfrentamientos diversos, se torna uno amenazante para todos. Qué decir de la economía global, donde la violencia ahuyenta el desarrollo. Vital para los países que buscamos alcanzarlo.

Por estas y muchas razones, la diplomacia chilena siempre ha sido partidaria de una cooperación plena en la construcción de la paz. Contribuyendo en la medida de nuestros esfuerzos. En esto podemos utilizar vías bilaterales, acudiendo a los pedidos diversos que nos formulan países amigos, especialmente en la formación de personal y el intercambio de experiencias. O con mecanismos ad hoc, como en el pasado formamos parte del Protocolo de Río, que permitió una solución política a los diferendos entre Ecuador y Perú. O, más recientemente, cuando acudimos a las negociaciones de paz en Colombia a pedido tanto del Gobierno de ese país como de las FARC.

Desde el retorno de la democracia, Chile participó decididamente en diversas operaciones de paz (Opaz) al amparo de resoluciones de Naciones Unidas. En el pasado ya habíamos participado, a nivel de observadores (unos pocos oficiales), en la región de Cachemira (frontera indo-pakistaní) y en los Altos del Golán (frontera sirio-israelí). En democracia eso se elevó a nivel de contingente: infantes de marina en Camboya, pelotones de aviadores en Iraq, Pelotón de helicópteros en Timor Oriental y, sobre todo, el numeroso contingente de soldados, marinos, aviadores, carabineros y PDI en Haití, en el marco de Minustah.

Desgraciadamente en los últimos años nuestra presencia ha ido decayendo, hasta llegar a niveles ínfimos en el Gobierno anterior. ¿El mundo se puso más pacífico? Por supuesto que no. Cualquiera sea la explicación, la presencia hoy de Chile en misiones de Naciones Unidas es casi inexistente. Actualmente participa un total de medio centenar de efectivos chilenos en este tipo de operaciones: poco más de 15 en Bosnia, un número similar en Chipre. La perla de esta disminución es nuestra misérrima presencia en la operación de paz en Colombia (que debiera ser quizás la primera prioridad, dada la cercanía regional), hoy tenemos destacados 7 observadores: dos Fach, un militar, un naval, dos carabineras y un PDI.

Proporcionalmente, nuestro aporte a las fuerzas de paz de la ONU hoy en día se reduce a menos del 0.1% del total de nuestras FFAA, descontando los pocos elementos policiales.

No faltarán los que digan que el país no tiene recursos, los que siempre son escasos. Pero sucede que ONU paga un estipendio por efectivo (igual, sea soldado raso o general), que en el pasado llegaba a los 1000 dólares mensuales, además de proveer la mantención y la logística necesaria, incluida la depreciación de algunos equipos producto de su empleo (caso helicópteros).

Las Operaciones de Paz además son un excelente mecanismo para entrenar en tiempo real a nuestro personal. Un piloto de helicóptero en Chile con suerte puede volar 20 horas al mes, para no perder sus habilidades. En Opaz esa cifra se puede multiplicar varias veces. Un piloto puede adquirir en pocos meses en Opaz una experiencia que en Chile tardaría años. Qué decir de la experiencia en despliegue, alistamiento, interoperabilidad con otros ejércitos. Además, como las Opaz quedan bajo el mando del Estado Mayor Conjunto, es un excelente mecanismo de planificación y construcción de doctrina conjunta. Diplomáticamente concede otro nivel a nuestra presencia en Naciones Unidas y nos permite potenciar nuestro trabajo con el estratégico Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la PAZ (DPKO).

Pero, por sobre todo, nuestra presencia en Opaz, a la altura de nuestras capacidades, potenciaría nuestra diplomacia, nuestra estatura estratégica, profundizaría nuestras alianzas y amistades. Haría realidad el concepto de que Chile es una mano amiga desde el sur, amiga y también firme.

Todos vemos a diario el drama de la guerra en Ucrania, en algún momento se acordará el alto al fuego, y sería una excelente oportunidad para que Chile contribuya en concreto a la construcción de la paz, en el marco de ONU, a estabilizar esa sufrida región. Podríamos aportar medios navales que patrullen el Mar Negro, escuadrillas de nuestra flota aérea contribuirían a cuidar corredores humanitarios y, no me cabe duda, podríamos desplegar en muy poco tiempo a nuestras fuerzas especiales para que ayuden a separar a las fuerzas beligerantes.

La diplomacia no se compone solo de declaraciones políticamente correctas, ni la defensa de nuestros intereses se agota en la protección de nuestras fronteras. Tenemos capacidades, podemos aportar más que el 0.1% de nuestra fuerza. Son decisiones políticas, y no tengo ninguna duda de que nuestras Fuerzas Armadas responderían con velocidad y profesionalismo.

No vivimos en un mundo de paz, donde desaparecieron los conflictos. La estrategia y la seguridad de nuestra nación convocan a asumir la realidad; la mejor manera de solucionar los conflictos es asumiendo que existen y colaborando en su solución. Por la paz global, por la prosperidad que ella acarrea y por los superiores intereses de Chile. (El Mostrador)

Gabriel Gaspar

Trayectoria Política

Gaspar Tapia Gabriel (1949)[1]  abogado, subsecretario de Guerra 2000-2006, embajador en Colombia y Cuba, subsecretario de Fuerzas Armadas 2014-2015 (“La construcción del Estado implica profundizar la cohesión social, y ello pasa por superar la discriminación y la segregación que desgraciadamente vemos en hábitos culturales de algunos sectores. Los chilenos, cualquiera sea el origen social, religioso o racial, conformamos la ciudadanía, que en nuestra institucionalidad es la base de nuestra soberanía”(1)); embajador en misión especial para la demanda de Bolivia en La Haya 2015. En relación a este litigio afirma: “nosotros invitamos a entrar al siglo XXI. Chile es un país amante de la paz, es un país respetuoso del derecho internacional y un país cooperador de la seguridad y estabilidad internacional. Sobre esas bases, es nuestra proyección desde América Latina y tenemos un amplio campo de entendimiento e integración, pero para bailar tango se requieren dos” (2);

reitera esta visión en una columna: “Los chilenos queremos profundizar nuestros vínculos en el barrio. América Latina es nuestra plataforma natural para nuestra inserción global… los chilenos avanzamos a paso firme en el mundo del siglo 21 y lo haremos con nuestros países amigos de la región” (3).

Sobre la demanda por el río Silala: “Ningún chileno puede aceptar sin inmutarse que se pretenda hacer del anti chilenismo el eje de la política exterior” (4).

“Pienso que deberíamos retirarnos del Pacto de Bogotá… Venezuela se está transformando en una bomba primatoria. Para un país pequeño como Chile, es necesario evitar catástrofes migratorias” (5).

[1] (1) Inclusión en las FF.AA., La Tercera, 16 diciembre 2014. (2) Entrevista La Tercera 1 noviembre 2015. (3) “Chile: un buen socio para el siglo 21” La Tercera 24 diciembre 2015. (4) Entrevista Que Pasa, 10 junio 2016. (5) Entrevista, EM, 11 marzo 2018. I. 213 nac 1949 Arica

Bibliografia

“El Salvador: el ascenso de la nueva derecha” (1989).

“Transición en América Latina: los casos de Chile y El Salvador” (1991). “Guerrillas en América Latina” (1997).

«Chile en el exterior» La Tercera, 10 octubre 2016: «La reinserción de Chile la alcanzamos hace tiempo; se inicia una nueva fase donde la diplomacia chilena asume los desafíos del siglo XXI, como por ejemplo, el liderazgo en la protección oceánica plasmado en la conferencia «Nuestro Océano» y el establecimiento de áreas marinas protegidas… nuestra democracia ha sido exitosa en su diseño de reinserción internacional, lo que nos propusimos a inicios de los 90. Pero sigue teniendo desafíos.

«Chile: disensos y consensos», La Tercera 12 noviembre 2016 «El  malestar ciudadano se  ha hecho evidente en los últimos tiempos… los representados están disconformes con los representantes. Esta situación nos habla de una nueva reaidad poitica que vive el pais,… es claro que el proceso nacional no gira en tornno a la dualidad democracia-dictadura… el Chile del siglo 21 combina los importantes avances producto del crecimiento económico de los últimos años, pero persiste elementos de desigualdad… el presente revela una osciedad donde la hegemonia esta en disputa… pero existe un sólido consenso respecto a que los disensos se pueden y se deben dirimir democráticamente.

Entrevista de José Rodríguez Elizondo, 15 marzo 2017: «mi misión en La Habana estuvo fuertemente marcada por la proximidad de la visita presidencial a Cuba… dado que se trataba de una visita presidencial de notable resonancia, no solo en lo bilateral, sino también de un fuerte impacto interno, fue complejo y laborioso su despliegue… se firmó una decena de acuerdos en diversos campos, cuya implementación constituyó la columna central de nuestro trabajo posterior»

Gabriel Gaspar Tapia (73) es un reconocido militante del PS, histórico y señalado como uno de los “halcones” de la colectividad de París N° 873. Tiene una larga trayectoria en la esfera militar: entre el 2000 y 2006 fue designado como subsecretario de Guerra por el Presidente Ricardo Lagos para luego ser embajador en Colombia y Cuba. Ocho años más tarde volvería a Defensa, pero esta vez como subsecretario. Entre 2014 y 2015 se desempeñó como subsecretario de la cartera, donde afianzó lazos con el mundo militar, pero también dejó algunas heridas entre sus pares. “Tiende a ponerse demasiado el uniforme de milico, más que asumir que su tarea es administrativa”, cuenta una de las personas que trabajó con él. Nombrado subsecretario de Defensa. 10 septiembre 2022.

Otras publicaciones

Columna «Chile-Perú: mas diplomacia»: La Tercera, 8 diciembre 2012 «Con Perú vivimos un buen momento en inversiones, pero reconozcamos que estamos en medio de un enrarecimiento político-diplomático» 8 diciembre 2012

«En las puertas de La Haya»: La Tercera, 25 mayo 2013 «La defensa de la integridad territorial es parte sustantiva del ejercicio de nuestra soberanía. Por ello, cuando Perú desconoció los acuerdos vigentes, nuestra diplomacia reaccionó con firmeza. En estos temas no hay diferencias, los chilenos tenemos una sola opinión, defendemos lo nuestro con el mismo celo con el que cada familia defiende su casa… llama la atención que en vísperas del fallo se reúnan  las más altas autoridades de ambos países a solas, porque una vez conocido, lo único que queda es acatarlo».

«Chile y su entorno regional» La Tercera 10 noviembre 2013 «Claramente el camino del ALBA es diferente al que ha seguido Chile, pero ello no impide que tengamos vínculos con sus países. La Alianza del pacífico permite coordinaciones positivas, pero no debe servir de plataforma para excluir o antagonizar con otros. Además, la integración y en general la diplomacia de un pais, no es solo comercio»

Alerta constituyente: los desafíos propios de un nuevo siglo 4 julio, 2022

No hay plazo que no se cumpla. Chile entra a la fase final de su proceso constituyente. En dos meses más

, caerá el telón y sabremos si se aprueba un nuevo contrato social, o se rechaza la propuesta.

De ganar el Apruebo, se iniciará la construcción de un nuevo sistema político, en una transición que, en algunos aspectos, durará varios años. Si ganase el Rechazo, se crearía una inédita situación: después del plebiscito de inicio, donde un 80% aprobó modificar la actual Constitución, esta quedaría vigente. Los partidarios del Apruebo deberán convencer a la mayoría de que su propuesta es mejor que lo vigente. Los partidarios del Rechazo deberán demostrar cuál es su propuesta positiva que acompaña a su rechazo.

Lo anterior es el proceso constituyente, el cual se desplegará en una coyuntura donde la inflación, por un lado, y el deterioro de la seguridad ciudadana, por otro, son urgencias concretas para la población y las autoridades. Todo esto, en los primeros meses del nuevo Gobierno que aterrizó con los dientes. Buena parte de los ojos del mundo occidental seguirá con interés este proceso.

Sensación térmica

Está difícil que los cerca de 15 millones de eventuales votantes se lean el documento final, lo estudien y lo analicen ¿Como traducirlo en mensajes amables y representativos? Gran momento para el debate polarizado, propio de una sociedad polarizada. Para muchos el tema no es solo mostrar su preferencia, sino junto a ello descalificar a la otra. Grave. Más aun en tiempos de redes sociales y hemorragia de fake news. Es preciso destacar que esta vez el debate involucrará a todos los ciudadanos y a sus organizaciones. El trabajo constituyente dejará de ser monopolio de la Convención Constitucional, donde las extravagancias de algunos, potenciado esto por su narcisismo, afectó sensiblemente la legitimidad del proceso, probable hipótesis del alza del Rechazo en algunas mediciones.

Desdramatizando, el texto no es una refundación que liquida a Chile, como algunos lo presentan; tampoco es la creación de un nuevo orden revolucionario, como quizás otros lo pensaron. En síntesis, es una propuesta respecto a los derechos que el Estado debe cautelar, junto a una nueva forma de gobierno. Es claro que la mayoría de los 2/3 frenó mucho la exaltación de algunos. Pocos toman nota de que, en caso de ganar el Apruebo, buena parte de la implementación estará a cargo del actual Congreso.

Tengo fe en Chile. País que tiene una sociedad diversa, con desafíos propios de un nuevo siglo, como la inclusión y la protección del medio ambiente, pero un país que reafirma su disposición a ser un Estado único. (El Mostrador)

Gabriel Gaspar

Chile polarizado: aprendiendo de los errores del pasado 31 mayo, 2022

La segunda vuelta presidencial generó una inevitable polarización electoral, la que fue zanjada con el categórico triunfo de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast. No fue la primera vez que los chilenos elegimos a nuestro Mandatario en segunda vuelta. Pero sí es la primera vez en que el caudal de votos que recibió el actual Presidente en segunda vuelta superó con creces los obtenidos en la primera. De un 25% en primera vuelta, se pasó a un 55% en la segunda. Un elevado número de ciudadanos votó por el actual Primer Mandatario, sea por afinidad, sea como forma de cerrar el paso a lo que representaba la candidatura de JAK.

Las elecciones se desarrollaron en medio del proceso constituyente iniciado en julio del 2021. De este modo, al operarse el cambio de mando, se estableció una inédita coexistencia: la instalación del nuevo Gobierno con la fase final del proceso constituyente. Ambos procesos convergerán en el plebiscito del 4 de septiembre próximo.

El plebiscito aprobará o rechazará el nuevo pacto social que organizará la vida nacional en el futuro próximo. En muchos aspectos, este un proceso inédito en nuestra historia. Y como ya es un lugar común señalar, Chile no es el mismo de 1990, pero podemos agregar más, porque la sociedad chilena ha vivido en los últimos años nuevos procesos que la impactan a profundidad. Sumariamente, recordemos los dos años de pandemia con su secuela de encierro, cuarentena y toque de queda. No es todo, este año las nuevas generaciones conocieron algo que las mayores recuerdan bien: la inflación. Agreguemos el deterioro de la seguridad ciudadana, provocado por diversos factores. No es aventurado afirmar que la sociedad chilena de hoy vive varias incertidumbres y conoce de nuevas zozobras.

En este contexto, asistiremos en pocas semanas más al inicio de la campaña plebiscitaria. No se necesita ser cientista político para prever que el país se polarizará fuertemente. Esto ya empieza a notarse. Ojo, cuando hablamos de polarización no nos referimos a que el país opte entre dos opciones, eso es legítimo y lo hemos vivido en varias ocasiones, como lo señalamos al inicio; lo que nos preocupa es la emergencia de una visión dicotómica donde se ahondan las diferencias y se fomenta la exclusión del otro. A modo de ejemplo, basta un rápido vistazo a los temas y calificativos en las RRSS.

¿El plebiscito resolverá la polarización?

Siendo este un problema grave, el de la no aceptación del otro, todo indica que el plebiscito no tendría una mayoría categórica. Es posible que tengamos un resultado estrecho, claro en cuanto mayoría numérica, pero débil en cuanto a cohesión social. ¿Tienen claridad nuestras elites respecto a este escenario? Chile seguirá existiendo después del 4 de septiembre y la inmensa mayoría de los chilenos deseamos que sea en condiciones de paz, mayor igualdad, crecimiento y buen vivir. Por el contrario, una polarización conlleva resaltar las diferencias e incluso la descalificación de los que piensan diferente. La experiencia global muestra que toda polarización de las posiciones termina por llegar a la calle. Peor aún, muchas veces amenaza con contaminar a las instituciones.

Para complejizar más esto, las fechas también juegan. El plebiscito será el 4 de septiembre, una semana después tendremos el 49 aniversario del 11/9. Si habitualmente son fechas emblemáticas y sensibles, imaginemos cómo va a estar el ánimo social después del desenlace plebiscitario.

Por cierto, mientras más apoyo tenga una Constitución, más estabilidad va a generar, dada su capacidad inclusiva y, por ende, su legitimidad. Probablemente eso estaba en la mente de la mayoría de los chilenos que apoyaron en abrumadora mayoría el inicio del proceso constituyente. Ese mismo 80% que voto por abrir un proceso constituyente fue categórico respecto a la necesidad de modificar la actual Carta Magna.

El desafío de la actual generación es ser capaz de visualizar las bases fundamentales del país que quiere la inmensa mayoría. Cualesquiera sean aquellas, debe garantizar la convivencia de la totalidad social, dado que excluir nunca es bueno. Peor es cuando se excluye a la mayoría. En el continente tenemos múltiples ejemplos de aquello: durante décadas en Argentina parte de sus elites trataron de gobernar excluyendo al peronismo. No les quedó más remedio que sostener reiteradas dictaduras. En Bolivia, la minoría propietaria intento gobernar discriminando a la mayoría indígena y popular. Ante una sociedad civil díscola, a las elites altiplánicas no les quedo más recurso que reiterados golpes de Estado. Miremos nuestra propia historia, y recordemos que la Constitución del 80 se promulgó en medio de años de Estado de Excepción, sin partidos, sin Congreso y sin registro electoral, sin independencia judicial y sin libertad de prensa.

Chile, una sociedad diversa, un solo Estado

Aprendiendo precisamente de los errores del pasado podremos construir un país donde quepamos todos. Donde cada quien tenga el legítimo derecho a sostener su opinión, aceptando que la discrepancia no es delito. Un país donde construyamos espacios para dirimir nuestras diferencias y, a la vez, garantizar derechos básicos a todos nuestros ciudadanos. Por cierto, un país donde la fórmula sea reconocer que tenemos una sociedad muy diversa pero que habita un solo Estado, donde todos nos igualamos en derechos y obligaciones.

No partimos de cero, los libertadores, junto con la Independencia, abolieron la esclavitud y los títulos de nobleza.  A la vez, tuvieron visión estratégica y nos comprometimos a fondo en la erradicación del poder colonial en el continente. Han pasado más de 200 años de aquello, y muchas generaciones posteriores fueron aportando a la construcción de nuestro país, con aciertos, con profundos dolores también y muchos rezagos. La construcción de Chile es un proceso, cada generación ha aportado lo suyo.

Hoy toca asumir un gran desafío, construir un nuevo Pacto Social junto a la arquitectura institucional y económica que le dé soporte. A fin de evitar peligrosas polarizaciones, cabe recordar que es del todo saludable que lo hagamos mirando nuestra Historia y visualizando un futuro cuyo norte sea Chile y las necesidades de su pueblo. (El Mostrador)

Gabriel Gaspar

Chile: la lucha por la hegemonía, por Gabriel Gaspar 5 septiembre, 2022

El telón ha caído, pero se equivocan quienes piensan que el tema constituyente chileno está definido. En realidad, hemos pasado a una nueva etapa de este. Al mismo tiempo, se equivocan también quienes interpretan el resultado como un debate esencialmente jurídico-político, sin atender a la coyuntura en que se dio, y al proceso que lo precedía.

El 4/9 la ciudadanía chilena, además de opinar sobre el proyecto de Constitución, también emitió una opinión respecto a la marcha del país, empezando por una valoración del primer semestre de la administración Boric. Esto incluye aspectos de la realidad que van más allá de la discusión sobre el nuevo pacto social. ¿Cuáles son esos ¿Cuáles son los otros ejes que enmarcan el proceso político chileno?

En mi apreciación, se trata de la articulación de tres partes integrantes de la realidad: el proceso constituyente propiamente tal; en segundo término, la pérdida de control del territorio y de las fronteras que, por diversas causas, ha experimentado el Estado chileno; finalmente, la demanda de reactivación y normalización económica que traspasa a trabajadores, empresarios y consumidores.

La articulación de estos tres procesos constituye la amplia carretera por donde transitará el país en el futuro inmediato. Darle forma práctica y legitimada al proceso constituyente, recuperar el control del territorio y reanimar la economía, será el campo del debate político-ideológico de la sociedad chilena. Será el teatro de operaciones de la disputa por la Nación, la conformación del nuevo sentido común nacional. Veamos brevemente cada uno de estos tres procesos.

Continuidad del proceso constitucional

El categórico resultado del plebiscito tiene múltiples lecturas. Numérica, política y comunicacionalmente. Numéricamente refleja un abismo comparado con el plebiscito de entrada (79% de respaldo); sin lugar a dudas que el desempeño de la CC es en gran parte responsable de este cambio. Las extravagancias, el narcisismo y una cierta visión mesiánica de una parte de los convencionales, si bien fue frenada en sus excesos por los 2/3 en el texto, impactaron fuertemente a la sociedad. El triunfo del Rechazo es de alguna manera una reacción ante la violación de sensibilidades muy profundas de la gente.

Políticamente es una contundente derrota del oficialismo y, dentro suyo, de su diseño original. Una fórmula (Frente Amplio y PC) que obtuvo el 25% en la primera vuelta, que sumo un 55% en la segunda con votos del llamado Socialismo Democrático, pero que en gran parte impuso su sello como si hubiera ganado con votos propios. El Gobierno tendrá que entrar a abrir el motor y hacer un ajuste mayor.

Comunicacionalmente el oficialismo ha quedado a la defensiva y deberá operar con presteza si pretende recuperar la iniciativa política. Ello tiene que ver con construir una fórmula con sectores de la oposición para abrir una segunda fase del proceso constituyente. Esa fórmula no está para nada definida y es claro que, para ello, dependerá de su relación con los partidos y especialmente con el Congreso. En suma, la Convención no resolvió la cuestión constitucional y creó las condiciones para que la sociedad rechazase el proyecto de nueva Constitución.
Pero el debate constituyente no es todo.

Recuperar el control del territorio

La polarización en torno al plebiscito no es el único desafío. Por razones muy diversas, en los últimos años el Estado ha perdido gradualmente el pleno control del territorio. También de parte de sus fronteras, especialmente en el norte. Es algo muy grave.

Aún no llegamos a situaciones extremas como se viven en otras partes del continente, pero si no enfrentamos el desafío, la tendencia va para allá. Todo ello se traduce en la denominada “crisis de seguridad”, envolviendo procesos de muy diversa naturaleza, incluida la masiva migración, en gran parte ilegal. Todos estos procesos afectan la seguridad y obviamente requieren de medidas muy específicas y diversas.

En este ámbito tenemos en primer lugar la situación de La Araucanía, de larga data y compleja expresión. No empezó en este Gobierno, pero se ha ido agravando y puede llegar a ser inmanejable. Tanto el Gobierno anterior como el actual han fracasado en contener el incremento de la violencia en la zona. Ambos han buscado al final el recurso de las Fuerzas Armadas. Pero siguiendo a un destacado estratego nacional, debemos reconocer que las FF.AA. son un instrumento del Estado, disponible para lo que ordene el poder político, pero no es el único instrumento. La caja de herramientas estatal tiene muchas otras herramientas, desde las judiciales y policiales, hasta las económicas y sociales. Lo que falta es la construcción de un diagnóstico consensuado de la situación y, luego de ello, la precisión de los Objetivos a alcanzar y la Estrategia para lograrlo. O sea, ante todo, una responsabilidad de la elite política.

Pero el tema de seguridad no se agota en el sur, a lo largo de todo el país la delincuencia se empodera, especialmente en las barriadas de las principales ciudades, en muchos casos, ligado al narco. Peor aún, bandas de delito organizado provenientes del extranjero instalan filiales en nuestro territorio.

Su combate requerirá recuperar los niveles de eficiencia policial que alguna vez tuvimos; dentro de ello, elevar la relación civil-policial a nuestros estándares históricos y republicanos. Sin colaboración de la ciudadanía es difícil el desempeño de la policía. También requiere cooperación policial e inteligencia con países amigos que sufren el mismo flagelo.

El objetivo debe ser uno solo: la plena recuperación del control de nuestro territorio y restablecer el imperio de la ley, garantizando los derechos de todos nuestros ciudadanos. Pero no es todo, una cosa es definir la ruta del buque, el puerto al que queremos llegar. También se debe tripular como corresponde a las distintas agencias estatales que deben participar. Un buen plan requiere de un buen mando que lo lleve a cabo, y ese mando requiere de una oficialidad que sepa cumplir con su deber.

La recuperación económica

La economía chilena resintió el estallido social de octubre del 2019, luego, las extenuantes cuarentenas que impuso el COVID, y este año, los impactos de la guerra en Ucrania. Para una economía abierta al mundo y que depende del mercado global, es mucho.

La historia es muy parecida al resto de los países del continente: escasez de algunos productos, encarecimiento de otros (energía y alimentos), ruptura de la cadena logística, inflación y, probablemente, una próxima recesión. Chile no experimentaba inflación desde hace unos 30 años; este año la inflación anualizada supera el 12% y puede subir. El tipo de cambio se dispara, con ello la tasa de interés y el crédito se encarecen.

De estos tres desafíos, el de la recuperación económica es quizás donde existe mayor consenso en cómo salir. Salvo un puñado de parlamentarios que ante la menor dificultad demandan incrementar bonos estatales, la mayoría entiende que solo elevando productividad, normalizando los equilibrios macro, incrementando la inversión y el empleo, entre otros aspectos, se pueden recuperar los niveles de crecimiento, necesarios además para poder satisfacer las demandas sociales. A su vez, el portaviones de la economía chilena está en manos experimentadas, reconocidas dentro y fuera de nuestras fronteras.

A modo de conclusión

Chile enfrentará una primavera con desafíos políticos y económicos de magnitud. Probablemente tendremos una recomposición de la fórmula y del equipo de gobierno, un gobierno que no tuvo luna de miel y que aterrizó con los dientes. ¿Logrará La Moneda recomponer otro anillo de poder que le permita ampliar su base de sustentación?
¿Predominarán las tendencias conciliadoras en materia constitucional? ¿O se impondrán los maximalismos? ¿Recuperará el Estado el pleno control del territorio? ¿Podrá la oposición superar sus diferencias y construir una alternativa en materia constitucional?

Estas y otras son las interrogantes que se abren para este fin de año, pero irán más allá y probablemente acompañen también a los más de 3 años que tiene por delante la administración Boric. Se inicia un nuevo capítulo de la disputa por la nación.

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